En estos días difíciles que estamos pasando tanto tiempo en nuestras casas, estamos utilizando más electricidad que nunca, pero, ¿sabemos qué pagamos en la factura de la luz? Te ayudamos a entenderla.

La factura de la luz, sea cual sea la compañía eléctrica, está compuesta por los siguientes elementos:

Término de potencia: cantidad que abona el usuario por la potencia que tiene contratada. Se calcula multiplicando el término de potencia por la cantidad de kW contratados y los días que componen el periodo de facturación. Es un importe fijo, es decir, se paga siempre, aunque no se realice ningún consumo.

-Término de energía o término de consumo: hace referencia a la energía que se consume durante un periodo determinado de facturación. Es un concepto variable y se calcula multiplicando el precio de la energía por la cantidad de kWh consumidos.

-Alquiler de equipos: Este concepto se cobra a todos aquellos clientes que no tienen en propiedad su contador de luz. La comercializadora tiene la obligación de cobrar este concepto porque el contador es propiedad de la distribuidora.

-Impuesto sobre la electricidad: es uno de los impuestos especiales de fabricación marcados por el Ministerio de Industria. Es independiente de la tarifa o compañía contratada, corresponde a un 5’113% del término de potencia y de consumo.

Y ahora, ¿sabes cómo ahorrar en la factura de la luz?

Existen pequeños gestos cotidianos con los que podemos ahorrar en nuestra factura de la luz:

  1. Pásate a las bombillas led.
  2. Compra electrodomésticos de alta eficiencia y bajo consumo eléctrico.
  3. Controla el uso de la calefacción eléctrica.
  4. Programa el aire acondicionado una hora antes de llegar a casa, en lugar de intentar que la estancia se enfríe de inmediato.
  5. Mantén la luz encendida únicamente cuando sea necesario.
  6. Evita dejar los aparatos en ‘stand by’, mejor apagarlos del todo.
  7. Utiliza programas ECO en lavadoras y lavavajillas.

También es importante que estudies tus hábitos de consumo para descubrir si te conviene más una tarifa fija o una con discriminación horaria. Estas últimas las ofrecen la mayoría de comercializadoras y van destinadas a consumidores con necesidades muy específicas. Una tarifa con discriminación horaria o nocturna está recomendada para aquellos que realizan al menos un 35% de su consumo en las horas valle, es decir, durante la noche y primeras horas de la mañana.